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AMISTAD OLÍMPICA ES EL TÍTULO DEL CUENTO GANADOR DEL XI CONCURSO ORGANIZADO POR EL CEIP MANUEL ROMERO ARREGUI

Su autora es una alumna de sexto curso

La alumna de sexto curso del Colegio de Educación Infantil y Primaria Manuel Romero Arregui, Elena Fernández, ha ganado el XI Concurso de Cuentos Educación en Valores que anualmente organiza el centro escolar, con su obra Amistad Olímpica.

Narra la historia de un deportista llamado Miguel que desde pequeño siente pasión por el atletismo. Hasta cumplir su ansiado sueño, competir en las olimpiadas representando a su país, atraviesa algunos reveses en su camino que supera con esfuerzo y constancia.

En los momentos previos al comienzo de la carrera conoce a Javier, otro atleta que por lo ocurrido en el desenlace final demuestra que ayudar a los demás cuando lo necesiten está por encima de cualquier competición.

La Diputación Provincial de Sevilla edita la obra ganadora del XI Concurso de Cuentos del CEIP Manuel Romero Arregui en colaboración con la Delegación de Educación del Ayuntamiento de Mairena del Alcor.

AMISTAD OLÍMPICA

Hola, me llamo Miguel, soy un atleta con varios años de competiciones y esfuerzos. Os voy a contar una historia que ocurrió hace muchos años pero nunca olvidaré. Empecemos por el principio, mi ilusión por el atletismo se inició cuando sólo era un niño. A todos los niños les encantaba el fútbol, pero a mí, el atletismo, por eso me sentía un poco apartado del grupo. Siempre estaban hablando de futbolistas y yo, de atletas. A pesar de eso, no me desilusioné y seguí creyendo en mí mismo.

Me fui haciendo mayor y me seguí esforzando. Mi padre se disgustó mucho conmigo ya que él quería que estudiara una carrera. Esto hizo que siguiera para adelante, con esfuerzos y entrenamientos, para demostrarle a mi padre que no me equivoqué con mi futuro, que sirvo para el atletismo.

Unos años después, comencé a entrenarme más en serio, ya me estaba preparando para competir en carreras nacionales e internacionales. Estaba cumpliendo mi sueño. Lo único que ocurría es que yo me exigía mucho a mí mismo, siempre me ponía una meta. Eso puede ser bueno cuando no te exiges demasiado y lo miras desde el punto de vista en el que piensas que puedes hacerlo mejor.

Durante mi carrera en el atletismo conocí a mucha gente, a muy buenos amigos, que a la hora de correr, se convertían en mis rivales. Pero hay una persona, un corredor que nunca olvidaré; él no se convirtió en un rival, lo dio todo para ayudarme. Bueno, mejor os lo cuento más detalladamente: Como os dije antes, siempre intentaba dar lo máximo de mí y me ponía una meta. Por eso, con tantos esfuerzos y competiciones... ¡llegué a las Olimpiadas! ¡Estaba cumpliendo mi sueño! Desde pequeño, siempre había soñado todo esto y gracias a los entrenamientos y esfuerzos lo conseguí.

Era todo increíble, no me creía que pudiera estar allí... ¡iba a correr en las Olimpiadas! Comencé a conocer a mis compañeros que, como ya sabéis, dentro de poco se convertirían en mis rivales. Eran todos extranjeros, por lo tanto me encantó conocerlos y también me contaron cómo eran las ciudades de dónde venían, ¡algún día me gustaría viajar a estos preciosos lugares!

Empezamos a cambiarnos y allí conocí al principal protagonista de esta historia, Javier. Era alto, rubio, con ojos azules, simpático y un gran, gran amigo. Todo iba bien, ya estábamos preparados para correr y... sonó el primer toque de silbato, sonó el segundo y nos pusimos en posición; por último, sonó el tercero y comenzamos la carrera.
 
Iba corriendo en el quinto puesto y Javier iba tres puestos más atrás. Yo estaba cómodo corriendo ya que era un orgullo para mí poder correr en esa pista representando a mi país. De repente, me lastimé el tobillo, lo que hizo que empezara a cojear y no pudiera seguir corriendo. En este momento, aparte de un gran dolor, sentía muchas emociones: tristeza pero a la vez orgullo y alegría de haber llegado hasta allí.

No sabía lo que hacer, por lo tanto me quedé parado quejándome de mi dolor. Unos minutos después vi a alguien acercándose a mí; yo supuse que era algún sanitario pero cuando se acercó aún más... ¡no lo podía creer! ¡Javier había renunciado a seguir corriendo por ayudar a un amigo suyo! ¡Era increíble! Él era de verdad una persona inolvidable.

Yo seguía cojeando pero junto a esta persona me sentía muy reconfortado, sentía que me podía apoyar en él. No sólo físicamente, también sentimentalmente. No ganamos la carrera pero la terminamos juntos y en este momento toda la grada se levantó y nos aplaudió; pero no me llevo de este momento la fama por lo ocurrido ni la ovación del público, de lo que en realidad estoy orgulloso es de haber conocido y experimentado la bondad y generosidad de esta gran persona.

Espero que todos tomemos como ejemplo a Javier y ayudemos a los demás cuando lo necesiten ya que sentirán que pueden confiar en ti. Creedme, porque yo lo he vivido. Bueno, aquí se acaba mi historia. Espero que hayáis disfrutado y aprendido de este gran amigo, Javier.

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